Talento, ilusión, dedicación, esfuerzo y una idea original. Con estas palabras definiría El Ascensor, un musical escrito y dirigido por José Masegosa y protagonizado por Guido Balzaretti, David Ordinas y Dulcinea Juárez. Esta producción finalizó su andadura el pasado lunes en el Teatro Kamikaze, aunque esperamos que sea una pausa de un largo camino.

He de confesar que ya me había podido acercar a este montaje en la final del concurso Talent 2016, en la que consiguió el Premio al Mejor Espectáculo Musical y el Premio del Público. Sin embargo, esos minutos no bastaron para hacerme una idea de lo que meses más tarde vería (y sentiría) encima del escenario del Pavón Kamikaze.

El Ascensor cuenta la historia de Emma, John y Mark, tres personajes que se ven envueltos en una situación cargada de tensión y secretos que se irán descubriendo en pequeñas dosis a lo largo de la obra. Todo ello de la mano de un piano y grandes voces, que dan a esa historia la emoción que cualquier musical posee.

Sin duda, una apuesta arriesgada. No hay muchos musicales originales en España, ni tampoco de pequeño formato, pero quizás estas sean las causas que hacen El Ascensor diferente. No hay muchas luces o escenografía, ni tampoco una gran orquesta, ni siquiera mucho vestuario. Pero hay talento, hay una historia que mantiene desde el minuto uno la tensión y hay dos actores y una actriz que llevan al espectador a una realidad paralela, esa realidad que dura hora y media y que vives desde la butaca pero que va mucho más allá.

Una parte esencial del musical son las interpretaciones y las voces de Guido, David y Dulcinea. Aunque ya habían demostrado con creces su talento en grandes musicales de España, han vuelto a llenar de magia el escenario en este musical (pequeño, aunque también muy grande). Sus voces, sus gestos y su capacidad para dar vida a los personajes y hacer que el público conozca sus miedos y deseos hasta sentirse parte de la historia arrancan al espectador de la butaca y le llevan hasta la mismísima ciudad de Nueva York. Además, es de agradecer y admirar la cercanía, sencillez y sinceridad que mostraron en el encuentro con el público tras la función, al que se unieron el resto del equipo. Una evidencia de la gran trayectoria que les espera en el teatro musical español.

Hay que dar las gracias a cada persona que forma parte de este musical. Y no solo a ellos, sino a toda esa gente que decide apostar por lo pequeño, por esos proyectos que, aunque no cuentan con gran presupuesto, traen historias tan bonitas y emocionantes como cualquier gran producción. Hoy en día hacer cultura es muy difícil, pero somos cultura. El teatro nos transporta, nos hace soñar y merece la pena arriesgar y apostar por ello. Esperamos que El Ascensor vuelva a funcionar muy pronto. Los amantes del teatro musical lo deseamos con muchas ganas.

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Imagen del Teatro Kamikaze
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